La La Land, de Damien Jazz-elle

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A pesar de su corta filmografía tras la cámara, fácilmente intuimos que la cinefilia y el amor a la música corren por las venas de Damien Chazelle, este joven realizador de origen francés. Sus mayores pasiones no han tardado en catapultarle hacia al éxito. Si con Whiplash saltó a la palestra llevándose 3 de los 5 Oscars a los que optaba, con La La Land hizo historia ganando los 7 Globos de Oro por los que nominaron al musical del que todo el mundo habla. Hablemos pues sobre qué nos cuenta el director que ha sabido amansar al colectivo hater. “¿Qué colectivo hater?” Pues eso.

La primera película le sirvió como terapia para superar el hecho de que su profesor de jazz de la Universidad de Harvard -en el que se inspiró para el grandísimo personaje de J. K. Simmons– le hiciera ver que no tenía talento para ser batería. Superado eso, con La La Land nos invita a otra de sus sesiones en la que nos instiga a perseguir nuestros sueños, como Mia y Sebastian (interpretados por dos de los actores más en forma del panorama actual: Emma Stone y Ryan Gosling). Aunque más que una historia de amor -como es aparente-, creo que trata sobre los sacrificios que implica ir tras ellos.

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“Tal vez deberíamos dejar los sueños y empezar a madurar”

Más allá de los espectaculares números musicales -memorables gracias a la química que derrochan ambos actores-, Damien Chazelle nos tiene preparada una lección que seguramente habrá extraído de su propia experiencia: en el camino hacia el éxito, el equilibrio entre el amor y el arte se antoja complicado.

No sabemos a cuántas novias tuvo que dejar el director para llegar a la cima de Hollywood, pero -como pareció en la gala de los Globos de Oro, “cobra” a Emma Stone mediante– esperemos que haya pasado página. Lo que sí sabemos es que, igual que tantas otras estrellas, la exnovia de Spider-Man tuvo un inicio difícil en la industria antes de ser reconocida mundialmente, como cuenta en una entrevista para El Mundo. Ryan Gosling, por su parte, aprovechó la ceremonia para reconocer que “mientras estaba cantando, bailando y tocando el piano, en una de las mejores experiencias que he tenido en mi carrera, mi mujer -Eva Mendes- estaba criando a nuestra hija, embarazada de nuestra segunda e intentando ayudar a su hermano en su lucha contra el cáncer”.

Queriéndolo o no, las propias vivencias del director y sus protagonistas han acabado fusionándose con la historia de La La Land, en la que nos invitan definitivamente a ir tras aquello que deseamos, aunque eso conlleve dejar atrás otros aspectos de la vida. Siempre podremos recomponer esas pérdidas, pero nunca nos perdonaríamos dejar atrás nuestros sueños. Es una llamada a los valientes, a que superen el natural miedo a fracasar, sabiendo que -parafraseando a Mia- “la gente ama aquello que a otro le apasiona“.

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