Perdida. Mucho más que el matrimonio según Fincher

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Como advierte continuamente un articulista de cine amado y odiado a partes iguales, son muy pocos los directores americanos actuales capaces de suscitar una alta expectación entre los cinéfilos con cada uno de sus estrenos. Si dejamos de un lado a los Allen, Eastwood o Scorsese, ya considerados clásicos por su larguísima trayectoria, nos quedan muy pocos que puedan alcanzar esa categoría. Paul T. Anderson es uno de ellos. Por supuesto, David Fincher sería otro de esos casos, capaz de hacer suyos trabajos ajenos e integrarlos en su particular universo creativo.

Conocido por diseccionar el reverso más tenebroso del ser humano y de la sociedad que ha creado, el director de Seven vuelve sobre esta senda en su ultima obra Perdida (Gone Girl), adaptación del bookbuster publicado por Gillian Flynn en 2012.

En su quinto aniversario de boda, Nick Dunne (un creíble Ben Affleck) vuelve a casa después de pasar un rato junto a su hermana en el bar que regentan. Al llegar, encuentra rastros de violencia pero ninguno de su mujer Amy (estupenda Rosamund Pike), lo que le hace contactar inmediatamente con la policía. Sin embargo, cuando los detectives comienzan a investigar empiezan a sospechar del propio Nick.

Tras un punto de partida que podría circunscribirse al género del thriller que tanto gusta a Fincher, véase entre otras The Game o Millenium, y a través de su habitual manera de narración procedimental que también exhibe en esta película, como hiciera en la referida Seven o en Zodiac, el director de Alien 3 pasa a abordar los dos temas que más le atraen de esta obra: la relación amorosa, que ya tocara en El curioso caso de Benjamin Button, aunque en ese caso de una manera absolutamente más romántico-lírica; y el ser y pretender ser bajo la terrible influencia de los medios de información presentes en toda su filmografía de una manera u otra.

Evidentemente, Perdida no es un nuevo Benjamin Button. Tras un inicio (narrado en flashback) de idilio que podría recordar a aquélla, Fincher cambia el tercio para acercarse al matrimonio desde el cinismo y la frialdad, recurrente en su presentación tanto de personajes como de ambientes. Para ello, el director vuelve a jugar con la dirección artística y la fotografía y, como ya hiciera en El club de la luchaLa red social, con los vaivenes narrativos tanto temporales como de puntos de vista que otorgan al espectador el inevitable beneficio de la duda para poder seguir enganchado tanto a la relación como al misterio, incluso en ese tercio final mucho más anodino en lo narrativo.

En cambio, el acercamiento a los medios de información/comunicación se realiza desde una perspectiva más carnavalesca, incluso caricaturesca, dentro de ese contexto de thriller en que se mueve el film, lo que nos recuerda mas a la sátira wilderiana, presente también en parte de su trayectoria, véase el inicio de Millenium o El club de la lucha, y quizás más alejada de la visión más compleja de los mismos y de los que participan de estos que nos mostrara en Zodiac o La red social.

Con todo, Fincher sabe tejer la tela de araña para envolver al espectador en este thriller convertido en sátira o viceversa, del que algunos saldrán aterrorizados, otros preocupados, muchos divertidos, y los menos -esperemos- con cierto aire de satisfacción.

Nota al pie: No recomendada a parejas recién prometidas o casadas. 

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