The Hobbit: La desolación de Smaug. La gran estafa de Peter Jackson

Cuando George Lucas pensó en una trilogía para su epopeya galáctica no sabía realmente lo que se hacía. La construcción de una saga a través de tres episodios, que conformaban una unidad en sí misma mientras cada una de las entregas se estructuraban como un capítulo sin un final claro, salvo el último claro está, al estilo de las series de TV y su famoso “To be continued”, significaban una novedad para un espectador que concebía cada largometraje como principio y fin de una historia, o de al menos una trama.

Es evidente que Lucas no sólo pensó en la historia sino también en los resultados económicos que provocaría la presentación epistolar de su criatura. ‘¿Por qué hacer una sola película y ganar millones por ella cuando puedo hacer 3 películas y ganar 3 veces esos millones?’, se preguntó. La respuesta estaba clara. Y así fue. Aquello funcionó de tal manera que La Guerra de las Galaxias se convirtió en el mayor éxito comercial de la historia y consiguió fanáticos entregados por todo el mundo.

Lo que Lucas no sabía es que su invento sería imitado por otros alumnos aventajados, que construyeron historias construidas en trilogías. Los mejores ejemplos de esta nueva manera de creación fueron de dos colegas suyos, su contemporáneo Steven Spielberg con la saga de Indiana Jones y, sobre todo, el director nacido al abrigo de ambos, Robert Zemeckis, con Regreso al futuro. Historias pensadas para ser contadas en varios episodios, con lo que conseguían fidelizar al público hasta la última entrega. En cualquier caso, estas historias originales para el cine fueron ideadas de forma diferente, ya que mientras que cada entrega del arqueólogo Indiana podía ser vista de manera independiente, las películas del Delorean no podían entenderse una sin la otra.

George Lucas

El culpable al fin y al cabo de todo lo sucedido

Tras los mencionados ejemplos, la falta de ideas originales hizo que el cine se volviera hacia la literatura para buscar historias jugosas y que, además, arrastraran a millones de fans a las salas. Si encima esas historias habían sido narradas en varios libros, mucho mejor. Así surgió la saga de Harry Potter y la trilogía de El señor de los anillos. Hollywood conseguía matar tres pájaros de un tiro: llevaba millones de fanáticos al cine, lo hacía en varias entregas, y además no rompía con el espíritu de la obra literaria adaptada, ya que ésta ya había sido dividida en su origen.

Peter Jackson, que fue el elegido para adaptar y dirigir la saga de El señor de los anillos, con la que consiguió fama, fortuna y reconocimiento mundial, vio abrirse el cielo cuando pudo disponer de los derechos de la obra previa de Tolkien. El Hobbit era el vehículo perfecto para el oficio ya adquirido por Jackson y, por qué no decirlo, para aprovechar la inversión realizada en localizaciones y decorados de la anterior producción. Sin embargo, hete aquí que la avaricia del hombre no tiene límites. Jackson, tras largar del proyecto a Guillermo del Toro, quiso exprimir la gallina de los huevos de oro de Tolkien volviendo a concebir El Hobbit como una trilogía, del mismo modo que El señor de los anillos, sin tener en cuenta que la novela a adaptar no daba en ningún caso para tanto metraje. No importaba. Lo fundamental era estirar la historia hasta conseguir 3 películas que cumplieran las expectativas, no ya de los seguidores de la obra, sino de los productores, entre los que se encontraba, cómo no, el propio Peter Jackson.

Así, se concibe El Hobbit. Tanto en su primera parte, El viaje inesperado, como en esta segunda, La desolación de Smaug. Como un vehículo para acumular ingresos en taquilla inventando tramas y personajes que no aparecen en la novela original y que, en algunos aspectos, hace perder coherencia a la posterior-anterior El señor de los anillos. Si me ciño a esta segunda parte de la historia, al espectáculo acabado de ver, he de decir que poco puedo achacarle al entretenimiento supuesto por las correrías de Bilbo Bolsón en la Tierra Media.

The Hobbit

La película divierte y entretiene y las 2 horas largas que dura el metraje no se hacen largas. El ritmo de la historia es llevado con la ligereza adecuada sin que las inevitables panorámicas de publirreportaje de Nueva Zelanda -ya sabemos que es muy bonita e intentaremos ir más pronto que tarde-, o las subtramas esta vez centradas en los elfos del bosque o en el anticipo de la llegada de Sauron demoren y arrastren la película como pasaba en otras ocasiones, incluidas las de El señor de los anillos. 

Sin embargo, y he aquí la previa y extensa introducción, considero que tras más de 2 horas de metraje no puedo por más que sentirme estafado con un final que no es tal, que se convierte en un coitus interruptus cuya única intención es la de recaudar más dinero en una tercera parte que, si se ciñera al libro, debería tener la duración de un cortometraje, o si me apuran, de un mediometraje. Evidentemente no será así. Jackson alargará hasta la extenuación una historia que no da más de sí. Porque no lo da por mucho que quiera vendernos gato por liebre. Sirva este alegato para los desengañados y para aquellos que conociendo el final de la historia dimitan de esta travesía en este mismo momento. Aquí me bajo yo.

7 comentarios en “The Hobbit: La desolación de Smaug. La gran estafa de Peter Jackson

  1. SPOILER ALERT

    Basicamente lo que queda del libro es que se pelen al dragon (tu y yo sabemos quien y como) y una batalla. Si se casca dos horas con eso será un 300 con enanos elfos y un hobbit.

  2. Bueno , se anunciò con tiempo que así sería. No entiendo eso de sentirse estafado. Jackson ha realizado lo que para muchos resultó casi imposible. Recrear ese fantàstico mundo de la Tierra Media, que aunque sai bien la Historia de El Hobbit es mucho menos atractiva que la de El señor de los anillos, continua siendo magestuosa.
    Una gran trilogía. Gracias a los que trabajaron en ella.

    • La historia de El Hobbit es MUY atractiva. Más, de hecho, que ESDLA.

      Que sea mucho más breve, no la hace menos atractiva. Al contrario, debido a su brevedad y a su estilo narrativo. más juvenil y ligero, resulta más ágil y amena.

      El problema no es la calidad o atractivo de la obra literaria, sino pretender que, una novela corta, de para tres películas de tres horas.

      El único fin de esa pretensión es el económico. Que no nos meen y digan que esta lloviendo.

      • De acuerdo con lo comentado. Mi indignación viene, además de lo ya explicado en el blog, porque en esta segunda parte ni siquiera se molesta en cerrar una sola trama cortando a mitad de la acción, como si fuera una televisión privada cualquiera. Para reir. O llorar.

  3. Para mi gusto tendría que haber llamado a la trilogía de otra manera, porque con los apaños que le ha hecho a la obra original es un sacrilegio como se ha inventado dos terceras partes de las películas.

    Para quienes solo le importen pasar un buen rato pues mira pero para los que disfrutamos en su día con la lectura del libro hubiera sido mejor y mas decoroso un respeto por la obra de Tolkien,

    Luego ya aparte están las morcillas del nuevo orden mundial con sus sociedades multiraciales, sus parejas interraciales y luego ya en general todo muy de los tiempos que corren, una basura vamos.

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