El consejero. No es negocio para abogados

Ridley Scott entró en los anales de la Historia del cine gracias a dos películas de ciencia ficción en los albores de los años 80. Alien, el octavo pasajero y Blade Runner supusieron dos de los puntos más álgidos del género fantástico y de la propia carrera de su director cuando apenas contaba con cierta experiencia videoclipera y televisiva, y su más que interesante debú con Los duelistas.

A partir de ese momento, Scott se ha labrado una carrera con un estilo narrativo y, sobre todo, visual muy reconocible aunque en ningún caso sin alcanzar las cotas de sus dos películas cumbre. Así, la filmografía de Ridley Scott ha oscilado, de manera interrumpida por alguna rara avis, del cine épico-histórico al criminal en sus diferentes y torcidos caminos. Desde la fantasía épica de Legend hasta la bíblica de Exodus, que ya se rueda en Almería, pasando por conquistadores, arqueros, gladiadores o cruzados. Desde la yakuza de Black Rain, asesinato, narcotráfico mediante, hasta la Red de mentiras, describe la vileza humana a través del crimen más o menos organizado. Tras sus dos últimas películas épicas, las fallidas Robin Hood y Prometheus, era obligada su vuelta al crimen como género.

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Michael Fassbender, Javier Bardem y “su nuevo look”

Cormac McCarthy, un escritor afamado por su fría y cruda descripción del ser humano y de los avatares fronterizos ha sido descubierto al gran público gracias a las recientes adaptaciones cinematográficas de sus novelas más famosas, Todos los caballos bellos, No es país para viejos o La carretera. Precisamente, No es país para viejos es la adaptación más afortunada y exitosa de las realizadas hasta el momento y consiguió para los Coen y para Javier Bardem la gloria de la Academia. Su mezcla de persecución fronteriza, destino, avaricia, maldad y fatalidad, confluían en una verdad absoluta: si quieres jugar con los malos, debes asegurarte que eres el peor. Era obvio y esperado que McCarthy acabaría originando sus propios guiones para el cine.

De esta manera, El consejero reúne al veterano director y al “novel” guionista en esta historia de narcotráfico, traiciones y ambiciones. Counselor, Michael Fassbender, lo tiene todo para ser feliz. Está a punto de prometerse con su novia, Penélope Cruz, y tiene una brillante carrera como abogado. Sin embargo, para él no es suficiente y, debido a la influencia de Reiner – el rey de los peinados Javier Bardem- inicia una operación de narcotráfico en colaboración con un socio de éste, Brad Pitt, que actuará como mediador con el cartel mejicano. Parece que todo irá bien. Sin embargo, un enemigo inesperado frustrará todos los planes de Counselor y sus socios.

Efectivamente, El consejero reúne a dos talentos en este mismo proyecto. Sin embargo, la suma de los mismos no resulta totalmente productivo. Encontramos demasiados elementos comunes de las trayectorias de ambos que no aportan nada nuevo, ni a las suyas propias ni al espectador.

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Aunque no se la nombra en esta crítica, Cameron Diaz juega un papel fundamental en el desarrollo de la trama de El consejero

En el debe del autor último, del guionista, en El consejero podemos apreciar cómo se repiten todos aquellos elementos que ya vimos en No es país para viejos. Desde el contexto donde se sitúa su historia hasta la moraleja final, así como ciertos personajes estereotipados, la historia de El consejero es gemela y deudora de la anterior, incluida la fatalidad del inocente que sucumbe como daño colateral ante la ambición y vileza del Mundo. La historia, su violencia y su filosofía mantienen el interés del espectador ya que, aunque por momentos encontramos una trama un tanto confusa y deshilachada, funciona a ratos debido en parte a la deuda contraída. Los personajes, aunque bien definidos, carecen del carisma de, por ejemplo, el asesino despiadado Anton Chigurth, que te helaba la sangre, o pierden en la comparación, como la víctima de su propia ambición, el citado Counselor con el rudo Llewelyn Moss.

Por otro lado, la trama, muy del gusto de ese Ridley Scott, y aquí entramos a valorar a éste, que disfruta adaptando a la gran pantalla el thriller criminal, deja poco margen a la expansión de su estilo. Evidentemente, mientras que su cine épico se destaca por los grandes espectáculos visuales, su otra vertiente artística se ha decantado siempre por el guión, sin abandonar la luz que siempre domina sus proyectos. Evidentemente, se nota la mano de Scott, pero poco. Incluso en algún momento como la escena del bar en México parecería que estuviéramos viendo Revenge de su fallecido hermano Tony, y eso es malo, no por el estilo videoclipero del finado, que también, sino porque la citada cinta data de 1990 lo que dice muy poco de la evolución y nuevos recursos del director de Thelma y Louise, convirtiendo El consejero en un ejercicio rutinario de dirección. 

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