Gravity. El talento de Mr. Cuarón

Alabada por la crítica de Estados Unidos y avalada por su triunfal paso por diferentes festivales, la semana pasada llegó a nuestros cines la deseada Gravity. Después de diez días en cartel las expectativas parecen cumplidas. Todos los que salen de ver la última obra de Alfonso Cuarón lo hacen extasiados ante lo que acaban de presenciar. Una experiencia irrepetible, dicen unos. El espacio como nunca lo habíamos visto, dicen otros. Tensión. Angustia. Miedo. Maravilla. Vivencia única que debe sentirse desde las tripas expresan los más apasionados. Con todo lo anterior en la mochila me dispongo a ver Gravity con las reglamentarias gafas 3D, que mis dineros me han costado, y sin nada que llevarme a la boca porque no creo que tenga tiempo ni ganas para el yantar.

Comienza la película y enseguida me encuentro junto a unos astronautas dando un paseo espacial alrededor de la órbita terrestre. Las imágenes son impresionantes. Casi de inmediato la acción comienza y ya no puedo detener mi viaje hasta el final de la cinta. Ha transcurrido apenas hora y media y me doy cuenta que vuelvo a estar en la Tierra de dónde despegué.

Gravity-3

Efectivamente, todo lo que se había escrito sobre Gravity se confirma. Nunca veré el espacio tan de cerca -salvo que me toque el Euromillón y decida no malgastarlo en mis innumerables banales caprichos- Nunca podré maravillarme ante las imágenes de la inmensidad del Universo, ante su oscuridad. Tampoco podré apreciar la grandiosidad del planeta del que provengo de la misma manera. O sentirme dentro de un traje espacial y levitar dejándome llevar por la gravedad.

Sin embargo, Gravity no es sólo preciosismo en la pantalla o un ejercicio de realismo espacial, es también una historia que te devora desde el primer momento. Que deslumbra a la vista y ataca a los nervios. La sucinta presentación de los personajes, lejos de despegarte de éstos, te engulle directamente en el traje espacial junto a Sandra Bullock -su magnífica y desesperada a la vez que serena interpretación hace olvidarnos de nuestros prejuicios sobre ella- y George Clooney. Sentimos bajo su escafandra su desasosiego, su desesperanza y, por qué no decirlo, sus mareos ante los golpes y zarandeos,  y su desorientación y angustia ante la lucha por la vida que mantienen. Porque al fin y al cabo, Gravity es una lucha por la supervivencia. Principio y fin de la Humanidad.

Y todo lo que he podido sentir y expresar en este artículo, tiene un culpable: Alfonso Cuarón. Con dos grandes películas a sus espaldas en las que demostraba un trazo singular en la dirección en historias tan dispares como Hijos de los hombres e Y tu mamá también,  el mejicano tenía un enorme reto ante sí con esta increible experiencia sensorial. Y su talento y el de su equipo lo consiguen. Bienvenido al Olimpo de los directores Sr. Cuarón.

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