Blue Jasmine vs Jasmine Dubois

Cada año, Woody Allen intenta regalarnos una nueva obra que enriquezca su filmografía y nuestro gusto cinéfilo. Avalada por la crítica, Blue Jasmine parecía el retorno al mejor Allen tras el fiasco que supuso A Roma con amor (aunque he de decir que a mí, al menos, me divirtió a ratos).

En esta ocasión, Allen nos acerca la historia de Jasmine, una mujer un tanto desequilibrada por los avatares de una vida que se desmorona a su alrededor. Tras caer en desgracia su matrimonio y su boyante economía, llega a casa de su hermanastra. Allí, intentará comenzar una nueva vida rodeada de gente con la que nada tiene en común mientras recuerda su matrimonio fracasado a la vez que intenta mejorar la vida de su “hermana”.

BlueJasmine2

Cate Blanchett y Sally Hawkins, las nuevas Vivien Leigh y Kim Hunter.

Con su habitual destreza, Allen teje una historia salpicada de flashbacks alimentados por los circunloquios de su protagonista. Ella, Jasmine, la magnífica Cate Blanchett, es el alfa y el omega de esta cinta, aunque envuelta por unos secundarios, como siempre en las películas del genio del clarinete, más que eficaces, entre los que destacan la pareja formada por Sally HawkinsBobby Cannavale, que alarga su buena racha tras su memorable intervención en la tercera temporada de Boardwalk Empire. 

Sin embargo, esta Blue Jasmine y muchas de las situaciones, incluidas escenas enteras, hacen que resuenen ciertos ecos de Un tranvía llamado deseo. La propia Jasmine, desubicada en un entorno hostil, marginada por un ambiente que en nada se acerca a su sensibilidad, maltratada por unos hombres que no la entienden ni la respetan, nos recuerda a aquella Blanche Dubois interpretada por la inolvidable Vivien Leigh. Su llegada cargada de maletas a la casa de su hermana, totalmente distinta a ella, vulgar pero amorosa, y su pareja todavía más vulgar y agresiva, nos devuelven a la Stella y al Kowalski de Tenessee Williams. Incluso la escena de la consumación del patetismo de Kowalski o los episodios con los diferentes pretendientes nos acercan a aquellos que vivió o imaginó la protagonista del tranvía, se repiten en esta cinta pasando, por supuesto, por el filtro alleniano.

blue-jasmine-image07

A Bobby Cannavale sólo le falta gritar Gingeeeeeeer y rasgarse la camiseta.

Evidentemente, aunque nos implicamos y nos solidarizamos con la desgraciada Jasmine, pierde ante la comparación de su teórica fuente de inspiración. Aunque es una cinta más que correcta, Blue Jasmine no llega a los niveles de otras anteriores del hipocondríaco maestro neoyorquino. De hecho, es posible que nunca más vayamos a recuperar al mejor Allen, que quizás firmó su última gran obra con Desmontando a Harry.

A veces más inspirado, a veces menos, sus fieles siempre esperamos la cita anual para disfrutar, si no con una historia que nos llene totalmente, sí con detalles que hacen que valga la pena pagar por la entrada, como si de un control de Zidane o una conducción de Iniesta se tratara, porque ellos, como Allen son artistas. Son creadores.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s