Riddick. Simplemente lo esperado

A la hora de afrontar el visionado de cualquier película y su posterior análisis tiendes, te guste o no, a adolecer de ciertos prejuicios. Cuando los citados prejuicios que tienes son positivos sobre la película que vas a ver existe el riesgo de que se produzca una gran o pequeña decepción que hace que tu valoración de la película sea más crítica de lo que hubiera sido ante cualquier otra de la que no esperabas nada. En cambio, si las expectativas son más bien bajas, cualquier cosa que suceda más allá de las mismas supone una grata sorpresa que repercutirá en la crónica de la misma.

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Eso es lo que puede haber ocurrido con Riddick. La tercera parte de una saga que no es tal continúa con una nueva entrega de las andanzas del asesino galáctico siempre perseguido por cazarrecompensas. Hemos de recordar que el personaje de Riddick se convirtió en el más destacado del reparto coral de Pitch Black, cinta de terror de ciencia ficción que allá por el año 2000 supuso un soplo de aire fresco en el género con reminiscencias de serie B. Unos años más tarde, aprovechando el tirón del personaje, se llevó a cabo un spin off sin sentido titulado Las Crónicas de Riddick, que devino un bajón sustancial respecto a la primera por la evidente torpeza de la megalómana historia de un personaje que siempre debió ser un outsider.

Esta tercera parte se queda a medio camino entre las dos anteriores. En una primera parte de auténtico sopor se mantiene el hiperpersonalismo de la historia, que nos acerca al personaje en una suerte de Último Superviviente ante la agresiva naturaleza del planeta donde se encuentra. Sin embargo, en su segunda parte vuelve a la atmósfera que originó las secuelas y que inspiró otras cintas como Fantasmas de Marte, y en definitiva todas ellas influidas por el universo hawksiano de Río Bravo.

La amenaza exterior, el inevitable atrincheramiento, la caída sucesiva de “los 11 negritos”, los continuos cambios de papel, todos llenos de clamorosos fallos de guión, de simpleza y de la falta de la frescura de la original, ya que repite en cierta medida el esquema de aquélla, dejan al menos un visionado fácil de entretenimiento y dosis de humor. En definitiva, una bravuconada más, que al menos no engaña a nadie.

Ya lo decía la Biblia: Bienaventurados los que no esperan nada porque no serán decepcionados.

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