‘Cruce de Caminos’, tres películas en una

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Cuando de una película se dice que está articulada en tres actos, automáticamente se forma en nuestra cabeza la clásica estructura de Introducción – Nudo – Desenlace. Sin embargo, no siempre es así. Y Cruce de caminos (The Place Beyond the Pines, en su versión original) es un claro ejemplo de ello.

[Empiezan los spoilers]

La segunda gran apuesta de Derek Cianfrance como director, después de mostrarse al mundo con la intensa Blue Valentine, aglutina tres películas en una sola. Me parece muy interesante cómo enlaza cada parte con la siguiente, especialmente la unión entre la primera y la segunda. Pasada la media hora de metraje, tenemos claro que el protagonista de la cinta es Luke (Ryan Gosling), ese pobre diablo despreocupado de todo, que ve cómo el instinto paternal le llega de la noche a la mañana y no se le ocurre mejor idea que robar bancos para fortalecerlo. Claro protagonista, ¿no? Vale, pues adiós a Luke. Y se lo carga. Una decisión tan fácil como valiente. Como si fuera una sustitución en un partido de fútbol, se retira Ryan Gosling, entra Bradley Cooper. Dejando preferencias personales de lado (eso se lo dejo a las fans de uno y otro), el cambio de foco principal es acertado, pero no tanto la fuerza de la historia.

Si en el comienzo de la película se nos introducen a varios personajes (LukeRominaRobin…) con sus respectivas vivencias, en esta segunda parte el argumento se intuye muy pronto. Demasiado pronto. Es ver a Ray Liotta aparecer en escena y ya adivinar que la corrupción va a impregnar la trama. Y ahí es donde el agente Avery Cross, encumbrado a héroe por haber eliminado al ladrón de bancos, se mantiene moralmente firme y decide levantar la alfombra que escondía tanta basura. Drástica bajada de ritmo e interés.

Y el paso de 15 años no mejora mucho la cosa. Avery ha conseguido hacer carrera, a falta de dar su último gran paso, pero su éxito profesional no va acompañado por el personal: matrimonio roto y un hijo prácticamente desconocido. Más que eso: el chaval ha salido matón barriobajero, con el agravante de que su padre tiene pasta. Y, oh sorpresa, cuando va a vivir con él, no hace migas con otro que con Jason, el hijo del difunto Luke. Un Jason que, vaya casualidades tiene la vida, no ha tenido tanto interés en la figura de su progenitor como hasta ese momento. Todo ese maremagnum final de emociones, puñetazos, pistolas, éxitos y huidas puede gustar más o menos, pero si funciona es por una persona: Dane DeHaan.

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[Fin de los spoilers]

Porque sí, entre tantas estrellas consagradas, el mejor actor de la película es Dane DeHaan. El joven intérprete (aunque no es tan yogurín como su personaje) está creciendo rápido y, por suerte, la industria se ha dado cuenta de ello. Personalmente, lo descubrí en In Treatment, al lado del genial Gabriel Byrne, y creo que le espera un futuro muy prometedor. El resto del reparto, muy en su línea: buen nivel en las actuaciones de Ryan Gosling, Eva Mendes, Bradley Cooper y Ray Liotta. Gran labor de secundario, as usual, de Ben Mendelsohn y solo un suspenso: Emory Cohen, aunque es más fallo de su personaje (AJ) que de sus dotes interpretativas.

En definitiva, una película atrevida y diferente en varios sentidos, pero a la que se le podría haber sacado aún más partido del que se ofrece. Al ser la primera la mejor de las tramas, va de más a menos, aunque como ya he dicho, la actuación de DeHaan deje un buen sabor de boca final.

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