Anatomía de un instante: Patton

El nombre de Franklin J. Schaffner debería sonar a todo aficionado que haya disfrutado del buen cine bélico, fantástico, carcelario o histórico. El director americano nacido en Tokio fue una figura clave del cine de los últimos 60 y de la primera mitad de los 70.

Tras una dilatada carrera en la televisión que incluyó, entre otras, la adaptación de 12 hombres sin piedad para el mítico programa de TV Studio One y numerosos premios, entre ellos el Emmy, Schaffner probó suerte en la gran pantalla utilizando su gran experiencia catódica poniéndola al servicio del fotograma. Sin embargo, a pesar de lo que pudiera esperarse de un director proveniente de decorados y presupuestos limitados como los televisivos, Schaffner no fue un director intimista en la producción o, al menos, sus mejores obras ofrecieron grandilocuencia, combinándola con maestría con el detalle más nimio para definir y focalizar a sus personajes.

Entre sus mejores obras, destacan las memorables El planeta de los simios (1968), Papillon (1973), Los niños del Brasil (1976) o Patton (1970), por la que fue reconocido por la profesión al lograr 7 premios de la Academia, entre los que destacaron mejor actor principal para George C. Scott, mejor director para el propio Shaffner y mejor película, y a la que dedicamos nuestro primer capítulo de anatomía de un instante.

Patton no es una biografía al uso. Se trata de uno de esos biopics que narran una parte de la vida del personaje al que se pretende retratar. En el caso que nos ocupa, la cinta comienza su narración justo antes de embarcarse en la campaña norteafricana, pasando por la invasión de Italia, la batalla de las Ardenas hasta la entrega de parte de Alemania a los rusos. La película transcurre entre grandes escenas de batallas, conversaciones entre los generales Patton y Bradley (como siempre un estupendo Karl Malden) y momentos más íntimos del propio protagonista en la búsqueda de su propia leyenda. La sabiduría del guión busca, a través de un personaje tan antagónico al antibelicismo como el de Patton, el rechazo del uso de las armas en un momento histórico tan convulso como era el de la intervención de Estados Unidos en la guerra de Vietnam. Todos estos apuntes y muchos más hacen de Patton una película notable.

Sin embargo, un solo instante, una sola escena, hace de la película de Schaffner historia viva del Cine. Una imagen fija de una bandera da inicio a la misma…

Murmullos. Una gran bandera de Estados Unidos cubre todo el fondo del escenario. De repente, una voz llama al silencio. Todos callan. Sobre el plano fijo comienzan a oírse unos pasos firmes. En su avance aumentan su sonido cuando comienza a asomar una figura. Finalmente, sobre el plano general de una hierática figura bajo el fondo de barras y estrellas suena una corneta. En un corte se pasa a un plano entero e inmediatamente a otro detalle de la mano realizando el saludo militar coronado por un anillo en espiral donde se aprecian unas cejas canas. Experiencia. Otro corte y otro detalle: guantes y fusta. Mando. Otro corte y otros planos detalle: el pecho de la casaca del protagonista repleto de condecoraciones. Valor. Entre tanta cruz y estrella se intercala un primer plano de un rostro. Autoritario. Corte de nuevo sobre el detalle, primero del revólver de empuñadura marfil, y después del casco con las estrellas que indican el rango. Jerarquía. Se acaba la música de corneta y la figura se relaja. La cámara también volviendo al plano general.

Patton no ha empezado su discurso y ya nos hemos hecho una idea de quién es y qué tipo de personalidad se nos mostrará. En poco más de un minuto de cinta, Schaffner ha conseguido antes siquiera de que George C. Scott pronuncie una sola palabra situarnos ante el personaje al cual nos enfrentamos.

A partir de ese momento comienza su mítico discurso inicial intercalando todo tipo de planos, desde el general ya utilizado, pasando por los americanos y medios hasta los primeros planos. En este interludio, la cámara casi siempre fija apenas sí sigue el caminar del general mientras espeta su verborrea belicista y patriótica y prefiere que sea Scott quien, con sus gestos y su quebrada voz, despliegue todas sus armas interpretativas para aproximarnos al personaje todavía más. Patton finaliza su discurso y se retira por el mismo lugar de donde vino. La secuencia se cierra como empezó. Con la bandera americana como telón de fondo.

Sólo han transcurrido 5 minutos más de metraje. Durante todo ese tiempo de discurso hemos podido descubrir la filosofía de un hombre al que no le importa el enemigo ni los muertos que deja atrás. Él ama la lucha y la batalla. La victoria y la gloria. Por eso él nunca perderá una guerra. Desde el preciso instante en que pronuncia su discurso conocemos al general George S. Patton. Como él propio anuncia “you know how I feel” que es como decir “you know how I am”…That´s all.

Por problemas con derechos de propiedad de las imágenes no nos ha sido posible completar este homenaje mostrándoos el vídeo de la secuencia completa origjnal. Os enseñamos en cualquier caso un corte de unos segundos y os enlazamos la escena completa en la siguiente dirección http://www.liveleak.com/view?i=5cb_1178900597 . Que lo disfruten.

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2 comentarios en “Anatomía de un instante: Patton

  1. Magnífico Patton, pero me llega al alma la referencia a Karl Malden. Coincidí con él en 1994, en el Metropolitan de Nueva York durante mi viaje de novios y cuando me acerqué a él para saludarle y pedirle foto y autógrafo, no se creía que en España le conociéramos.

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